Trump y el Retorno del Estado-nación: Hegemonía y Crisis del Orden Global Neoliberal

Este articulo fue publicado originalmente en la revista «Perú Hoy» de DESCO en septiembre del 2025. Verlo en www.desco.org.pe

Este artículo analiza la profunda crisis del orden económico y comercial global establecido tras la II Guerra Mundial, y cómo esta se ha acelerado con el retorno de Donald Trump a la presidencia de EEUU. Trump ha asumido una posición abiertamente hostil frente al neoliberalismo de libre mercado y al proceso de globalización que ha caracterizado al sistema internacional desde los años 80. Lejos de representar un simple retroceso proteccionista, Trump propone un modelo alternativo centrado en el fortalecimiento del Estado-nación, la coerción comercial y el uso instrumental del poder económico para reconfigurar el orden mundial en función de intereses puramente nacionales: mantener la hegemonía global en el siglo XXI, aislando a China.

El artículo se centra en las dos medidas clave que ilustran este viraje: los llamados “aranceles recíprocos”, que rompen unilateralmente con la Organización Mundial del Comercio (OMC), y la promulgación de la “Gran y Hermosa Ley” (Big Beautiful Bill, BBB), que consolida el poder de una élite económica, concentra los instrumentos del poder político y comunicacional en manos privadas, y reduce fuertemente el gasto social, sobre todo en medicinas. Estas acciones expresan un rechazo explícito a los principios que sustentaban la globalización neoliberal: la libre movilidad del capital, la desregulación estatal, la apertura comercial y el liderazgo multilateral.

El texto sostiene que Trump canaliza políticamente los efectos dislocadores de la globalización neoliberal, especialmente la desindustrialización y el empobrecimiento del «cinturón industrial» estadounidense, sin ofrecer una alternativa redistributiva. Trump acusa que este proceso ha beneficiado a las grandes corporaciones y empresas –que incluso han invertido en China–, y a los países emergentes, especialmente el gigante asiático, mientras ha empobrecido a la clase media estadounidense y ha destruido su base manufacturera. Es así que, en lugar de corregir las inequidades estructurales del modelo global, propone un repliegue autoritario basado en altos aranceles, presión bilateral sobre socios comerciales y un discurso de soberanía económica que busca «traer de vuelta» empleos e inversiones. Su visión rompe con la noción del «capital sin patria» y plantea que la hegemonía debe fundarse en la producción nacional, incluso si ello implica sacrificar eficiencia o integración global.

Desde un plano teórico, este artículo analiza dos enfoques sobre la hegemonía global. Retoma la «trampa de Tucídides» (Graham Allison), que explica el conflicto como resultado de la rivalidad entre una potencia establecida (EEUU) y una emergente (China), y lo complementa con el enfoque de Ibn Khaldun, recuperado por Carla Norrlöf, que argumenta que el colapso hegemónico ocurre cuando se pierde la cohesión interna y la élite gobernante antepone sus intereses al bien común. Se sostiene que ambos marcos son necesarios y convergentes para explicar la actual pugna por la hegemonía y la fuerte polarización en EEUU. También se analiza la crisis del capitalismo democrático y el debate acerca de la democracia y el autoritarismoFinalmente, se sostiene que la crisis y el colapso del orden económico internacional nacido en Bretton Woods y prolongado durante la globalización neoliberal han sido acelerados por las políticas unilaterales de Donald Trump. Esta crisis es también un momento de oportunidad para avanzar en la formulación de alternativas que no deben -y no pueden- ser llenadas únicamente por la improvisación unilateral de Trump ni por choques violentos entre potencias hegemónicas en competencia. Esta es una tarea que no corresponde a un solo país ni a un solo bloque; debe ser un esfuerzo colectivo, multipolar y gradual, cargado de tensiones.

La guerra comercial: los «aranceles recíprocos» de Trump

Los aranceles (los impuestos que pagan los productos importados de terceros países) bajaron a niveles del 3% a 4% en los países industrializados en los últimos 40 años. Lo mismo sucedió en muchos países en desarrollo. Estas rebajas vinieron de la mano con el enfoque liberal que viene desde el siglo XIX que afirma que el libre comercio –con aranceles bajos– lleva al crecimiento de los países que comercian. Desde mediados del siglo pasado, la OMC, organismo multilateral con 166 países miembros, tiene a su cargo promover esta liberalización y resolver las disputas comerciales de sus miembros.

Dice la OMC que debe haber una solución pacífica y multilateral, que no se deben tomar medidas unilaterales y que se deben respetar las normas aprobadas. Una de las normas más importantes es la “nación más favorecida”: un país no puede cobrar un arancel a unos países por un producto y un arancel distinto a otros países por el mismo producto. A todos los debe tratar por igual. Trump manda el tacho esta norma.

Una de las principales características de Trump, desde el 2016, es que hace caso omiso de los compromisos suscritos. Afirma que EEUU. es la economía más grande del mundo y que no existe ningún país –y menos un organismo multilateral– que pueda obligarlo a cumplir esas norma.

Para Trump, los países aplican aranceles muy altos a las exportaciones de EEUU, por lo que este estaría en el derecho de aumentarlos por «reciprocidad». Pero la realidad es que no existe ninguna “reciprocidad”: las enormes alzas de sus tasas no tienen criterio económico[1] pues son fijadas arbitrariamente (todo depende de la voluntad y del humor de Trump, como el caso del arancel de 50% a Brasil para defender a Bolsonaro). Las medidas mencionan 22 veces los términos «seguridad nacional» y «económica», mientras el término «emergencia» aparece 10 veces[2].

En el caso de los Tratados de Libre Comercio (TLC) de EEUU con varios países en desarrollo, se ha incluido la siguiente cláusula, denominada “Seguridad Esencial”:

Ninguna disposición de este Acuerdo se interpretará en el sentido de:
(b) impedir que una Parte aplique medidas que considere necesarias para cumplir con sus obligaciones respecto al mantenimiento o la restauración de la paz o la seguridad internacional, o para proteger sus intereses esenciales en materia de seguridad.

Esta cláusula existe con exactamente la misma redacción en los TLC que EEUU ha firmado con Australia, Chile, Colombia, Jordania, Marruecos, Perú, Singapur y Corea del Sur, entre otros[3]. Esto significa que EEUU puede invocar este artículo, aunque no está claro si lo ha hecho formalmente con los países mencionados.

El fondo del asunto: en EEUU se pensaba que si se permitía a China ingresar a la OMC esto iba a propiciar no solo la libertad económica, sino que daría lugar también a las libertades políticas que socavarían al Partido Comunista Chino. Esto dijo en el año 2000 Bill Clinton, presidente de EE UU:

El cambio que este acceso a la OMC puede generar –con las exportaciones– es extraordinario. Pero se podría argumentar que no será nada comparado con los cambios que este acuerdo generará dentro de China. (…). Acepta importar uno de los valores más preciados de la democracia: la libertad económica. Cuanto más liberalice su economía, más liberará el potencial de su gente: su iniciativa, su imaginación, su extraordinario espíritu emprendedor. Y cuando las personas tengan el poder, no solo de soñar, sino de hacer realidad sus sueños, exigirán una mayor participación[4].


[1] Martin Wolf, editor económico principal del Financial Times, afirma: “En los aranceles propuestos poir Trump el factor determinante es la relación entre el déficit bilateral de EEUU y sus importaciones bilaterales. No puede repetirse lo suficiente que esto es una fórmula económica absurda. No existe absolutamente ninguna razón para que el comercio bilateral deba estar equilibrado. El hecho de que no lo esté ciertamente no demuestra que el país con superávit esté ‘haciendo trampa’. Además, la balanza comercial global de bienes, o incluso de bienes y servicios, no es un agregado de balances bilaterales determinados de manera independiente. Es el producto de la interacción entre ingresos netos de factores, flujos de capital y, sobre todo, ingresos y gastos agregados. Y, en última instancia, es una locura creer que Estados Unidos puede sostener un enorme déficit fiscal sin que al mismo tiempo se generen grandes déficits comerciales y de cuenta corriente, al menos mientras el resto del mundo esté dispuesto a financiarlos. ¿Qué pasa si, o cuando, el mundo deja de hacerlo? Un desastre financiero”. (“A return to tariffs, Taco or not”, 15 de julio 2025, https://www.ft.com/content/aaefe3d3-fa3c-4dfc-b04b-5df203e420f5).

[2] Decreto Ejecutivo de Trump del 2 de abril 2025: https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2025/04/regulating-imports-with-a-reciprocal-tariff-to-rectify-trade-practices-that-contribute-to-large-and-persistent-annual-united-states-goods-trade-deficits/

[3] El artículo denominado Seguridad Esencial es el número 22.2 en los TLC con Colombia y Perú. En el TLC Chile-EEUU es el número 23.2.

[4] «Clinton´s words on China: Trade is the smart thing», Nueva York, 9 de marzo 2009.

Ver https://www.nytimes.com/2000/03/09/world/clinton-s-words-on-china-trade-is-the-smart-thing.html. François Chesnais tiene un argumento distinto: “EEUU ha estado en el origen de los principales impulsos de la globalización contemporánea y ha sido el principal arquitecto y beneficiario del régimen institucional global, cuyos pilares son el FMI y la OMC. Pero, al combatir la tendencia descendente de la tasa de ganancia en su propio territorio mediante deslocalizaciones masivas hacia China, EEUU ha contribuido a dar lugar a un poderoso rival. Diez años después del inicio de la crisis, se perfila la guerra comercial, característica de la década de 1930, con Donald Trump dispuestos a lanzarla.” Le capitalisme a-t-il rencontré deslimites infranchissables ?, Revista Contretemps, febrero 2017, https://www.contretemps.eu/chesnais-limites-capitalisme/